Todo lo que siempre quisiste saber sobre Miguel Ángel, el  incomparable genio del Renacimiento

Todo lo que siempre quisiste saber sobre Miguel Ángel, el  incomparable genio del Renacimiento

Hombre solitario, soberbio e iracundo, desgarrado continuamente por su genio y sus pasiones, el secreto de su merecido éxito radica en que dominó las cuatro nobles artes que demandaron su talento: la escultura, la pintura, la arquitectura y la poesía. Tal  hecho asimila su figura a otro polifacético maestro de su época, Leonardo Da Vinci (tan excelso como él pero parco en ejecuciones), del que puedes leer más.

A lo largo de su extensa vida amasó una gran fortuna, pero su extrema austeridad sumada a su avaricia, le impidieron disfrutar de  sus bienes. Además fue el máximo exponente de la  frase de Hipócrates “el hombre es todo él enfermedad”, por cuanto no hubo día en el que no alegara una nueva dolencia.

Vida de un artista cuyas obras fueron descritas con la nota de la  “terribilitá”

Es innegable que nombrar a este versátil artista nos conduzca necesariamente  a asociarlo con sus dos obras maestras, el “David” y los frescos que recubren la bóveda de la Capilla Sixtina.

Ahora bien, también es muy probable que a la hora de contestar quién fue o qué hizo te falten datos. Lo ideal es que conozcas al detalle a un autor  en cuya magnífica obra se aprecia, casi desde el principio, una manifestación muy potente de los sentimientos que va a derivar en monumentales figuras extremadamente poderosas y totalmente manieristas. No en vano, el término acuñado para describirlas es de lo más gráfico: “terribilitá”.

Tan curiosa denominación está referida a aspectos como la intensidad emocional, el vigor físico y el entusiasmo creativo, auténticas constantes en las composiciones  de un autor que supo dotarlas de una grandeza y una personalidad inimitables.

Miguel Ángel Buonarroti, en italiano Michelangelo, nació en Caprese (actual Italia) en 1475 y murió en Roma en 1564. Comúnmente suele ser reconocido como la gran figura del Renacimiento italiano. Algunos de los pintores más destacados de este tiempo son El Greco, del que puedes continuar leyendo en este post; Botticelli, aprende más sobre él en este enlace, y Tiziano, del que puedes tener más información.

Su extraordinaria identidad artística le catapultó al estrellato como la figura que dominó el panorama creativo del siglo XVI, cuya clave está en su concepción del artista como un excepcional ser que debe rebasar con amplitud los convencionalismos.

Afortunadamente, su carrera profesional se extendió cerca de setenta años, en los que cultivó  la escultura, la arquitectura y la pintura, situándose prácticamente a la cabeza de los maestros del Cinquecento.

Miguel Ángel 1

Trayectoria de la figura artística predominante en el panorama creativo del siglo XVI

Su vida transcurrió entre Florencia y Roma, ciudades que tuvieron el privilegio de acoger sus obras cumbre. Aprendió escultura en el jardín de los Médici, que habían reunido una maravillosa obra de antiguas estatuas y pintura en el taller de Domenico Ghirlandaio. Sus primeros pasos los dio realizando copias de frescos de Giotto o de Masaccio, merced a los cuales pudo definir su estilo.

Una vez se traslada a Roma en 1496, realiza dos esculturas que lo cubren de gloria: el  “Baco” y la “Piedad de San Pedro”. Al cabo de cinco años regresa a Florencia, donde recibió diversos encargos entre los que sobresale el “David”, la colosal estatua de un joven desnudo, icono de la belleza perfecta y que sintetiza los valores del humanismo renacentista en sus cuatro metros de altura.

En 1505, mientras estaba trabajando en el cartón preparatorio de la inconclusa “Batalla de Cascina” para el Palazzo Vecchio, fue llamado a Roma por el papa Julio II con la intención de que esculpiera su tumba. Trabajó en esta obra hasta 1545, terminando únicamente tres estatuas, la de Moisés y dos Esclavos.

El resto de estatuas de esclavos que dejó sin terminar son hoy muy valoradas, en la medida que permiten apreciar el modo en que el maestro extraía literalmente  unas figuras que parecían estar ya  contenidas en los bloques de mármol.

Ante la petición de Julio II de que decorase el techo de la Capilla Sixtina, Miguel Ángel rehusó en principio aceptar, pues ante todo se consideraba escultor. Finalmente cedió de mala gana,  llevando a cabo la que quizás sea su creación más sublime.

En 1516 regresó a Florencia y se ocupó de la fachada de San Lorenzo, una obra que se complicó en demasía y al final no se abordó. No obstante, el genio proyectó para San Lorenzo otras dos obras magistrales: la “Capilla Medicea” o “Sacristía Nueva” y la “Biblioteca Laurenciana”.

En 1534 fijó su residencia definitiva en Roma, realizando el fresco del “Juicio Final” en la Capilla Sixtina y supervisando las obras de la basílica de San Pedro, en la que modificó los planos sustancialmente y se encargó del diseño de la cúpula. La finalización del Palacio Farnesio, que comenzara Antonio da Sangallo, “el Joven”, fue su otra gran realización arquitectónica.

Obras más emblemáticas del maestro florentino

Hablar de un hombre que encarna el más completo de los compendios artísticos posibles supone hacerlo de 9 de sus más relevantes obras:

  1. David. El momento escogido por el artífice es el de justo antes del enfrentamiento entre David y Goliath. Así, no simboliza un David triunfador, sino un joven lleno de ira y de voluntad a la hora de enfrentar a su opresor. Es el más fascinante ejemplo de la fuerza que sirve de motor a su obra.
  2. Frescos de la Capilla Sixtina. Una impresionante hazaña que sigue deslumbrando al mundo, toda vez que demuestra un total dominio de la técnica del fresco y del dibujo, dirigida a conectar la llamada “Historia de la Creación” y la “Historia de la Salvación”.
  3. Tumba del papa Julio II. Conjunto escultórico y arquitectónico que sirve de monumento funerario al sumo pontífice que fue su principal mecenas.
  4. Moisés. Una de sus realizaciones más notorias, con una formidable perfección técnica en la que se refleja con claridad la “terribilitá”.
  5. Tondo Doni. Se cuenta entre  sus pocas obras pictóricas móviles  y en ella el genio italiano utilizó una mezcla de temple y óleo aplicada sobre madera en tondo (círculo).
  6. La Piedad. La delicada belleza de una Virgen representada como más joven que su hijo, sosteniendo entre sus brazos su cuerpo inerte, resulta sobrecogedora.
  7. Esclavos o Prisioneros. Mientras que el “Esclavo muriendo” y el “Esclavo rebelde” están acabados, los otros cuatro engrandecen el concepto del non finito.
  8. Tumbas de Lorenzo y Giuliano de Médici. Dos sensacionales tumbas parietales gemelas que están colocadas frente a frente.
  9. Las últimas Pietás. Tanto la “Pietá” como la “Pietá Rondanini” son mármoles inconclusos, muy perturbadores y expresivos, especialmente el “Rondanini”.

Miguel Ángel 2

Una poesía ajena a la ambición propia del literato profesional

La faceta poética de Buonarroti es menos conocida. Aunque no fue un poeta strictu sensu, lo cierto es que cultivó este género.  De todos los elementos artísticos que usó, quizás sea la palabra el más íntimo, arbitrario y comprometido. La doliente poesía de un hombre consecuente reflejó el deseo de no traicionarse a sí mismo a través de la parcela lírica.

Al fin y al cabo, es lógico pensar que su increíble trayectoria plástica y visual eclipsara a un Miguel Ángel poeta que, sorprendentemente, ni siquiera se consideraba a sí mismo como un genuino pintor.

Dicho esto, es fácil entender que mucho menos viera en él a  un verdadero poeta, circunstancia que no fue óbice para que de sus manos saliera a veces poesía de calidad. La antología “Rimas” (1507-1555) es una buena muestra de ello.

Algunos pintores destacados de esta época y que son clásicos como Miguel Ángel son El Bosco, del que puedes saber todo en esta web, y Hans Holbein, puedes conocerlo más en https://pintoresclasicos.online/hans-holbein/.

Vídeo sobre la historia de Miguel Ángel:
Fuentes y referencias: